Off

Off, negro, todo es oscuro. On, dilatación, abertura máxima de los ojos, pero lenta, estoy cansada, remoloneo en la cama. Tengo que levantarme y con dificultad enfoco la ventana, la alcanzo y logro abrirla. Sobreexposición. La luz, aunque todavía suave, me quema la vista por unos segundos hasta que consigo adaptarme a la claridad del día. Tengo que darme prisa, voy justa de tiempo. Diafragma cerrado, todo perfecto, nítido y claro, sólo algunos cojines tirados en el suelo, al fondo, sobre la silla, mi ropa. Me visto, aseo y acelero hacia la cocina para desayunar ligera. Tengo que irme, no voy a llegar. Se me olvidaba algo, disminuyo la velocidad. Tengo que buscar las llaves del candado. Miro en la mochila, enfoco y las encuadro, menos mal. Me monto en la bicicleta, pedaleo. Los adoquines siempre me molestan, los detesto, solo espero que la cadena de la bici no se salga. En algunos tramos, por suerte, el pavimento es liso. Continúo recto, saludo a Luis, el frutero. Me cruzo con el gorrilla, freno. Un coche delante de mí y muchos más hacen una fila, atasco. Me subo en la acera y los adelanto. Toda la calle para mí. Giro, vista panorámica, pero me inclino hacia la derecha, esa es mi dirección. La luz es cada vez más fuerte por minutos, está amaneciendo. Al fin llego a la avenida y me incorporo al carril. Continúo. Aquí ya todo es más fácil. No me preocupa nada, algún semáforo que esperar, un paso de cebra para compartir con los peatones y alguna mirada vejestoria con irritación. No me importa, los retratos psicológicos me interesan. Acelero, el paisaje se convierte en una línea recta y seguida, de color verde. Mis manos van solas, no hay curvas ni giros, nada de cambios. Me sumerjo en la composición, casi abstracta, estoy cerca de la idea pero tengo que estar atenta, voy conduciendo una bicicleta. Trato de enfocar la realidad de nuevo, volver, pero justo alguien cruza. Los frenos se atascan, no van bien. ¡Alerta! hago sonar el timbre, le doy al botón. Demasiado tarde. El cuerpo choca, tropieza con la rueda. Mi mirada es de desconcierto. El retratado se eleva, gira hasta volcar del revés. Las piernas en el lado opuesto, alteración. Mi pupila se dilata, la retina está preparada, el personaje ya está invertido: el proceso fotográfico casi completo. Sólo queda el reflejo del espejo, el pentaprisma y todo solucionado. Al derecho, boca arriba y aquí no ha pasado nada. ¡Deprisa! un rayo de luz me perturba, no veo, hay demasiada claridad, cada vez más luz. Se está haciendo más de día. Me tapo con el brazo. Cierro los ojos, la ceguera me domina. La imagen corre peligro. Se vela, veo negro. Vuelvo a estar en el interior, oculta, dormida desde el otro lado. Vuelta a empezar de nuevo. Todo es oscuro, negro, off.